El dilema de nuestro origen doctrinal

En el año 321 d.e.c. (después de la era común) el emperador romano Constantino I el Grande implementó por edicto imperial los nombres de los siete días de la semana basándose en elementos del sistema solar:

1. Primer día - domingo: dies solis, el día más importante en el culto al dios Mitra o sol.
2. Segundo día - lunes: en honor a la luna.
3. Tercer día - martes: en honor a Marte.
4. Cuarto día - miércoles: en honor a Mercurio.
5. Quinto día - jueves: en honor a Júpiter.
6. Sexto día - viernes: en honor a Venus.
7. Séptimo día o Shabbat - sábado (Saturday en inglés): en honor a Saturno.

Nombres que con el tiempo se popularizarían en las distintas culturas con su respectiva lengua y traducción. Constantino también decretó que el domingo, primer día de la semana, fuese el día para adorar haciendo una sustitución del séptimo día, que es el día de reposo bíblico y que hasta el momento del edicto era usado no sólo entre los judíos, sino también entre los gentiles. Dicho cambio se dio con el fin de imponer a los nuevos creyentes la tradición de una religión pagana muy popular en el imperio romano en aquel entonces, cuyo dios era representado por el sol y se le adoraba bajo el nombre de Mitra, deidad cuyo origen puede rastrearse hasta Nimrod en la Antigua Babilonia, bisnieto de Noé y poderoso gobernante de Babel, quien al morir fue deificado como el dios sol, artimaña urdida por la que fuera su esposa, la hechicera Semiramis para no perder el poder social, político y religioso.

El peligro de estar bajo la cobertura de este manto babilónico nos es claramente advertido en Romanos 1: 25 “Han cambiado la verdad de Dios por la falsedad, adorando y sirviendo a cosas creadas, antes que al Creador”, ningún calendario ha cambiado el orden de los días, el domingo sigue siendo el primer día de la semana y el sábado el séptimo. Este edicto ha desviado históricamente a muchos creyentes genuinos a desconocer el cuarto mandamiento con el fin de satisfacer una religión idolatra y pagana con la que se ha mezclado milenariamente la cultura occidental. Es necesario que el creyente se aparte de los decretos del imperio romano y ponga su vida en el orden bíblico con “Fidelidad” en la Toráh (INSTRUCCIÓN), cuyos libros se conocen actualmente como Pentateuco, los cinco primeros libros de las Sagradas Escrituras. Cabe recordar acá el cuarto mandamiento que muy claramente dice:

 “8 Acuérdate del día de reposo para santificarlo.
9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;
10 más el séptimo día es reposo para Hashem tu Dios; No hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, Ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.
11 Porque en seis días hizo Dios los cielos y la tierra, el mar, Y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Dios bendijo el día de reposo y lo santificó”.

En estos últimos tiempos se manifestará el despertar de un pueblo que busca la Verdad santificadora apartándose de las tradiciones impuestas por el hombre. La fidelidad de Dios obra su poder en quienes disponen su corazón y vida en humildad, guiando a sus escogidos por estos principios bíblicos dados con propósitos proféticos desde tiempos antiguos con el fin de que la presente generación pueda estar enteramente preparada para toda buena obra.