El pueblo de Israel incumpió su promesa de labios de oir y hacer

El pacto del Bein Habetarim (Pacto de las mitades) fue allí donde se le mostró a Abraham los cuatro exilios que sufriría el pueblo de Israel.

“Después de estas cosas vino la palabra de Hashem a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.
2 Y respondió Abram: Señor Hashem, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?
3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.
4 Luego vino a él palabra de Hashem, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.
5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.
6 Y creyó a Hashem, y le fue contado por justicia.
7 Y le dijo: Yo soy Hashem, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.
8 Y él respondió: Señor Hashem, ¿en qué conoceré que la he de heredar?
9 Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.
10 Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.
11 Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba”. 

Estos animales son símbolo de los imperios, cada uno según sus características propias representan un reino; así el imperio babilónico es representado con una becerra o toros en general, a los persas se les representa con carneros, a los griegos con las cabras y al imperio romano con la tórtola, siendo finalmente la paloma el símbolo de Israel.

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él”.

La palabra que define “el profundo sueño” es “Tardema”, que también significa: letargo o trance. No es una palabra común en la Biblia, y la primera vez que se menciona es cuando Elohim hizo caer a Adán en un sueño profundo para separar del varón la hembra que le había sido puesta dentro de su cuerpo Gn.1:24-28, 2:16-23.

El Padre Eterno le confirma el pacto a Abram en el cual le daría a su descendencia “una tierra que fluye leche y miel” (Ex.3:17), presentándose “como un horno humeando” así como se presentó en el monte Sinaí. 

“Todo el monte Sinaí humeaba, porque Hashem había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera”.
“Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos”.

Este versículo nos confirma que Hashem es el mismo Yehoshúa Ha-Mashíaj que vendría en su tiempo a morir y pagar con su sacrificio el precio del rescate por el pecado de su pueblo, Abraham no participó ni siquiera como parte menor porque Hashem en su gran misericordia no permitió que el hombre hiciera parte en el pacto por lo que la salvación y existencia en la tierra prometida no podía depender del hombre. Además, debe entenderse que este pacto tiene connotación terrenal a manera de ensayo, pero su relevancia es más elevada cuando se trata de la Nueva Jerusalén como herencia perpetua para los beneficiarios del Pacto Sempiterno, el cual se enlaza históricamente al aquí relatado con la muerte sacrificial de Yehoshúa, cuyos huesos no fueron partidos porque en Él se redimen las naciones simbolizadas en las dos aves que no se partieron, el pueblo de Israel y los pueblos gentiles que serán herederos también de la salvación.  

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.
12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.
13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS”.

Durante el regreso del Mashíaj, esa sangre en sus vestiduras traerá a la memoria del pueblo la participación en este antiguo pacto de las mitades que se renueva y consuma en el madero, sus vestiduras teñidas de sangre y sus señales de los clavos son la inmutable señal de un solo pacto eterno que juró Hashem consigo mismo en favor de Abraham y de toda su descendencia tanto física como espiritual.  

“Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel. Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo”.

La casa de Israel son las doce tribus que entrarán cada una por su correspondiente puerta en la Nueva Jerusalén (Ap.21:12-13), no hay puerta de los gentiles o de denominación religiosa alguna, por lo tanto, nuestra identidad espiritual debe enfocarse en identificarnos como parte del pueblo elegido cuya vida depende completamente de la obra transformadora de Elohim, sólo Él es la garantía de que el poder de la Torah sea sobrenaturalmente escrito por su puño y letra en nuestros corazones rendidos ante Él, renunciando a lo que nos alejaba de conocer verdaderamente a nuestro Elohim que dijo ser la puerta (Jn.10:9).  

"Palabra que vino de Hashem a Jeremías, diciendo:
2 Oíd las palabras de este pacto, y hablad a todo varón de Judá, y a todo morador de Jerusalén.
3 Y les dirás tú: Así dijo Hashem el Dios de Israel: Maldito el varón que no obedeciere las palabras de este pacto, 4 el cual mandé a vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Oíd mi voz, y cumplid mis palabras, conforme a todo lo que os mando; y me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios; 5 para que confirme el juramento que hice a vuestros padres, que les daría la tierra que fluye leche y miel, como en este día. Y respondí y dije: Amén, oh Hashem.
6 Y Hashem me dijo: Pregona todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: Oíd las palabras de este pacto, y ponedlas por obra.
7 Porque solemnemente protesté a vuestros padres el día que les hice subir de la tierra de Egipto, amonestándoles desde temprano y sin cesar hasta el día de hoy, diciendo: Oíd mi voz.
8 Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron. "

La pregunta aquí es: ¿Cómo es posible que nos identifiquemos y reclamemos las promesas de bendición dadas a Israel y nos demos la libertad de desconocer y negarnos a las demandas que hace Hashem para otorgarlas a su pueblo redimido en su sacrificio? Esto es un error muy común en todas las congregaciones en el mundo.  

"Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Hashem; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.
11 ¿Para qué me sirve, dice Hashem, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.
12 ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?
13 No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.
14 Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. "
“Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo.
6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último”.

El sacrificio de nuestro Adón (Soberano, Dueño, Amo) Yehoshúa Ha-Mashíaj quita el pecado del creyente, los sacrificios establecidos según la Ley Levítica solo lo encubrían, eran ensayos y sombra del sacrificio perfecto que habría de venir. El atrio es figura de la boca, la confesión de labios que fue quebrantada por el hombre y, anunciaba en el tabernáculo la renovación y confirmación del Pacto Sempiterno en el cumplimiento de Yehoshúa Ha-Mashíaj en su vida, muerte y resurrección.